La revolución abrahámica: un puente sobre aguas turbulentas.
- 30 ene
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Más allá de las etiquetas: el liderazgo comienza con la gente común. La iniciativa Abrahamic Revolution de Tom Wegner toca algo esencial en estos tiempos. Me conmueve la suave fuerza de este proyecto. No porque niegue las antiguas contradicciones, sino precisamente porque plantea la pregunta que hemos pospuesto durante demasiado tiempo: ¿cómo podemos ir más allá de la retórica, de las historias estancadas y, sobre todo, de las etiquetas que limitan nuestra visión?
A menudo se olvida que los grandes cambios rara vez comienzan en las instituciones o con grandes declaraciones. Comienzan con la gente común. Gente que está dispuesta a no reducirlo todo a eslóganes, bandos o identidades. Personas que se atreven a decir: quizá no lo entienda del todo, pero quiero tomármelo en serio. Eso es liderazgo en su forma más pura: no elevado, sino responsable. Las etiquetas «sionista», «fascista», «woke», etc. desempeñan un papel ambiguo en este sentido. En su día se crearon para aclarar, pero en la práctica suelen tener un efecto restrictivo. En cuanto se reduce a alguien a «ese grupo», «esa creencia» o «ese bando», la persona detrás de la etiqueta desaparece del panorama. La comunicación se endurece, los matices desaparecen y la conversación se convierte en una lucha por tener razón en lugar de una búsqueda de la verdad o de valores compartidos. Las etiquetas no solo estrechan las conversaciones, sino que también las deforman.
La historia de las tradiciones abrahámicas muestra cómo algo que comenzó dentro de una sola familia se ha profundizado a lo largo de los siglos hasta convertirse en líneas divisorias llenas de dolor, desconfianza y, a veces, enemistad abierta. Pero esa historia también nos dice algo más: que todo se remonta a una sola fuente y que precisamente ahí reside la posibilidad de reparación. No suavizando las diferencias, sino dejando de considerarlas como un punto final. Por eso, el liderazgo actual exige algo más que declaraciones contundentes o superioridad moral. Exige personas que se atrevan a mirar más allá del lenguaje familiar, más allá del reflejo de juzgar primero y escuchar después. Exige el valor de abandonar las etiquetas y volver a aprender a ver lo que nos une: valores compartidos, un deseo de justicia, dignidad humana y un futuro en el que la convivencia sea más que la simple coexistencia. La verdadera revolución no es, por tanto, ideológica, sino moral y relacional. Se desarrolla en conversaciones en las mesas de cocina, en los lugares de trabajo, en los barrios y en las comunidades. Allí donde la gente común decide dejar de dejarse llevar por las tensas contradicciones y guiarse por la responsabilidad y la sabiduría.
Si Abrahamic Revolution deja algo claro, es esto: el camino a seguir no está en una retórica más ruidosa, sino en un liderazgo más silencioso y valiente. Un liderazgo que comienza con la voluntad de mirar más allá de las etiquetas y volver a encontrarnos como seres humanos.
Para nosotros, como noachitas, este movimiento no es un ideal abstracto, sino una misión reconocible. Después de todo, el camino noachita no parte de la política de identidad o la competencia religiosa, sino de la responsabilidad moral universal. Precisamente por eso nos sentimos llamados a mirar más allá de la retórica y las etiquetas. No porque las diferencias no importen, sino porque nunca deben tener la última palabra. Los valores noaquitas invitan a construir la convivencia: justicia, dignidad humana, límites morales y responsabilidad hacia el otro. Eso no nos coloca por encima del diálogo, sino en medio de él. Como constructores de puentes, como oyentes, como personas que se niegan a reducir al otro a una etiqueta o una caricatura. Nuestra contribución no radica en grandes palabras, sino en acciones coherentes: iniciar conversaciones, restablecer la confianza, nombrar valores compartidos sin borrar las diferencias. En iniciativas como Abrahamic Revolution reconocemos la confirmación de que el cambio real es posible cuando la gente común asume la responsabilidad, y queremos contribuir realmente a ello. No negando el pasado, ni negando la desconfianza y el odio que predominan, sino tomando en serio el futuro.
Creo que ya no se puede tomar el pasado como referencia. Abogo por el uso de hechos verificables y el objetivo común como base para las conversaciones y las negociaciones.
Así es como entiendo nuestra contribución: modesta, decidida y centrada en la reparación. Porque cuando todo se reduce en última instancia a una sola fuente, ahí es donde reside la posibilidad de la responsabilidad compartida.
Próximamente estará disponible en neerlandés el libro de Tom Wegner, The Abrahamic Revolution.
Escrito por Anne Marie Laseur, miembro de la junta directiva de la Dutch Noahide Community (DNC) y consejera noachita. ¿Buscas profundizar, recibir orientación personal o un lugar donde poder plantear con confianza preguntas sobre el sentido de la vida, la fe y la orientación vital? En el siguiente enlace encontrarás más información sobre:
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